LOS EFECTOS DE LA GLOBALIZACIÓN EN LA PATAGONIA

Cuando pensamos hoy en la Patagonia, nos da la certeza que está cubierta de andamios, nos incita a buscar su verdadera identidad. Cuando la globalización es cual una piel de zapa en nuestro planeta, que nos quiere imponer la primer civilización totalmente atea, que conlleva un desinterés por el futuro y se centra en el interés del presente, como si todo terminara con nuestro propio y efímero tránsito por este tierra. 
Ello tiene consecuencias graves pues en ese contexto no importa saquear los recursos naturales que no son renovables o violentar el clima terrestre, pues el lucro es el valor supremo. El calentamiento global llegó a nuestros glaciares.
Por todo ello, dentro de ese pragmatismo tan alejado de la solidaridad, mañana en su nombre querrán que la Patagonia que tienen un tercio de la superficie de la Argentina y sólo el 5,0% de su población, reciba un millón de hombres y mujeres que las Naciones Unidas cobijan como desplazados entre Europa y Medio Oriente, que estiman en 3.700.000. No son los europeos que con su trabajo engrandecieron la naciente Argentina, sino gente afectadas por las guerras y la pobreza, que habrán de cambiar la identidad actual de nuestro sur.
Imaginemos ese aluvión en un territorio que tiene desde hace casi una centuria la provisión del 80% del petróleo y el 90% de gas, que es el motor del bienestar de los hogares argentinos. 
Estas reflexiones no son una utopía. En setiembre de 1987, en Denver, Colorado, en la “Cuarta Conferencia Sobre los Lugares Desiertos del Mundo”, 1500 delegados de 60 países, tuvieron como ponencia que “hasta un 30% de la masa de tierra inhabitada e incultivada del mundo—l2 millones de acres—incluyendo cualquier tipo de recursos que pudieran yacer debajo de ésta, queden integradas bajo el título de propiedad del “Fideicomiso de los lugares desiertos del mundo”.

Era la creación del Banco Mundial para la Conservación Ecológica (WCB). 
Los países del Tercer Mundo que tienen crecientes deudas externas serán “salvados”, pues su deuda será transferida de los bancos multilaterales o privados (ej; Chase, City,etc) a un valor nominal de un dólar al WCB, cuando en el mercado su valor es de una cuarta parte, y el deudor (Argentina) garantizar el préstamo con las tierras inhabitadas. Aquí se comete la cartelización de los recursos naturales del Tercer Mundo. Es transferir la soberanía nacional que hoy tenemos en los Parques Nacionales, que son la mayoría en la Patagonia.
En nombre de la defensa del ambientalismo se logra contar a muy bajo costo de materias primas valiosas que escasean en los países del Primer Mundo o que desean mantener en reserva, frente al crecimiento explosivo de la población mundial.
Patagonia fue hasta ayer territorio devastado y su recordada riqueza ovina en la década del 90 estuvo en decadencia, con cientos y cientos de establecimientos ganaderos abandonados con sus alambrados y sus viviendas. También su mar epicontinental que flotas extranjeras con nefastas políticas nacionales arrasaron con su recurso más valioso: la merluza y ello acarreo la veda que dejó a las industrias terrestres paralizadas.. Los incendios de bosques milenarios en la precordillera andina con indiferencia del Estado Nacional. Esta indefensión hace que en su debilidad sea presa de los intereses de las grandes corporaciones financieras internacionales.
Con pocos millones de dólares se pueden comprar gran parte de los 90 millones de hectáreas que tiene el territorio patagónico. Tal su fragilidad. Los argentinos que tienen 150.000 millones de dólares en el exterior, deben sopesar este fenómeno y dejar de ser espectadores para convertirse en actores de esta realidad. 
Patagonia no sobra tierra, falta gente. Patagonia es el futuro. El Futuro se llama: Patagonia. Cada uno de nosotros debemos asumir este compromiso. 


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